La directora de CEDENNA presentó “La revolución invisible: nanotecnología para el desarrollo de Chile” durante el acto académico por el 37° aniversario de la casa de estudios. En su exposición mostró desarrollos realizados en CEDENNA y abordó los desafíos para transformar el conocimiento científico en soluciones para la sociedad y los sectores productivos.
Con una invitación a descubrir las propiedades que surgen en la escala más pequeña de la materia, la Dra. Dora Altbir Drullinsky, directora del Centro de Nanociencia y Nanotecnología, CEDENNA, dictó la clase magistral del acto académico por el 37° aniversario de la Universidad de los Andes.
La presentación, titulada “La revolución invisible: nanotecnología para el desarrollo de Chile”, reunió conceptos científicos, cifras sobre el avance de esta área en el mundo y ejemplos de tecnologías desarrolladas por investigadores e investigadoras de CEDENNA, centro de investigación aplicada que cuenta con el financiamiento de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo, ANID.
Durante su intervención, la Dra. Altbir explicó que un nanómetro corresponde a la milmillonésima parte de un metro y que, en esa escala, los materiales pueden adquirir propiedades distintas a las que presentan en dimensiones mayores.
Uno de los ejemplos abordados fue el carbono. Mientras en algunas de sus formas es un material blando, cuando se organiza como grafeno puede alcanzar una resistencia alrededor de 200 veces superior a la del acero. Estas variaciones permiten diseñar materiales y dispositivos con aplicaciones en salud, minería, alimentos, energía, construcción y medioambiente.
Nanotecnología desarrollada en Chile
La directora de CEDENNA sostuvo que la nanotecnología no constituye una industria aislada, sino una plataforma que se integra a distintos productos y procesos. Actualmente está presente, entre otras aplicaciones, en vacunas de ARN, pantallas, baterías, sensores y nuevos materiales.
En este contexto, presentó una selección de tecnologías desarrolladas en Chile por equipos vinculados a CEDENNA. Entre ellas se encuentran sensores para detectar sustancias de interés para la minería, envases con nuevas propiedades para la industria alimentaria, nanopartículas magnéticas estudiadas para terapias contra el cáncer mediante hipertermia, tecnologías orientadas a la detección temprana de la enfermedad de Parkinson y hormigones con capacidad de aislación térmica.
Estos ejemplos muestran que las capacidades científicas existen. Sin embargo, transformar una investigación en una solución disponible requiere recorrer una trayectoria que incluye investigación, desarrollo de prototipos, validación, escalamiento productivo y adopción por parte de empresas, instituciones públicas y usuarios.
La Dra. Altbir señaló que este proceso no depende solamente de las universidades. Requiere colaboración sostenida entre centros científicos, empresas, laboratorios, organismos públicos y potenciales usuarios, con responsabilidades que cambian en cada etapa, pero con una coordinación que debe mantenerse a lo largo de todo el recorrido.
La brecha de inversión en investigación y desarrollo
La exposición abordó también las diferencias entre Chile y los países con mayores capacidades científicas y tecnológicas. Mientras Chile destina cerca del 0,4% de su producto interno bruto a investigación y desarrollo, el promedio de los países de la OCDE alcanza aproximadamente el 2,7%.
Esta brecha dificulta la continuidad de los proyectos, la formación y permanencia de equipos especializados, el acceso a equipamiento y el avance de las tecnologías desde los laboratorios hacia su utilización en condiciones reales.
La directora de CEDENNA planteó que las capacidades científicas toman años en construirse y requieren una mirada de largo plazo. Por ello, el financiamiento de la ciencia y la tecnología no puede depender únicamente de ciclos breves o iniciativas aisladas, especialmente cuando el país busca aumentar su productividad, agregar valor a sus recursos y responder a problemas propios.
Al finalizar su presentación, la Dra. Altbir resumió este desafío con una invitación dirigida al conjunto del país:
“La ciencia puede abrir el camino. Como país, debemos decidir recorrerlo”.
Acto académico aniversario
La clase magistral formó parte de la ceremonia con la que la Universidad de los Andes conmemoró su 37° aniversario. Durante el encuentro también se entregó, de manera extraordinaria, la Medalla de Oro Universidad de los Andes al sacerdote, filósofo, poeta, crítico literario y académico P. José Miguel Ibáñez Langlois.
La ceremonia incluyó además el reconocimiento a 18 nuevos profesores titulares y la entrega del premio Asesor Universitario a docentes de las áreas de Ingeniería, Administración y Bachillerato, Humanidades y Ciencias de la Salud.
En la instancia, el Rector José Antonio Guzmán, señaló en su discurso, tal como lo ha hecho en otras oportunidades que la “Universidad es un puente entre el pasado y el futuro, y que un puente se sostiene en sus dos extremos: si soltamos la tradición quedamos a la deriva, y si dejamos de mirar hacia adelante nos convertimos en museo”.
Y continuó diciendo que, “hoy quiero agregar algo que este tiempo nos ha enseñado: un puente, además de sostenerse en sus dos extremos, tiene que ser de una sola pieza. Un puente hecho de partes sueltas no resiste el peso de nadie. La firmeza de esta casa no está en cuántas cosas hace, sino en que las hace desde una mirada unificadora”.
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